lunes, 23 de abril de 2012

Final alternativo de El castellano viejo

-Antes de marcharse, nuestro ilustre escritor, espero con emoción que usted pueda dedicar unas palabras a cada uno de nosotros. 
-Usted señor, pretende que alabe vuestra figura por la velada que nos ha dedicado hoy, en el día de días. Espera que mis palabras sean lo más encantadoras posibles y que sus oídos se deleiten con ellas. Eso es lo que usted pretende como buen castellano viejo que es, pero yo, hombre de principios no puedo hacerlo.
La velada ha sido perfecta y la compañía inmejorable, eso es lo que desea oír de mi, cuando lo cierto es que ansio la hora en la que la comida finalize para volver a mi humilde morada, sin la presencia de niños que arroje alimentos a los invitados, ni comensales que intentan obligarte a beber de sus copas, donde han dejado sus huellas grasientas,  alejado de la sociedad de hoy en día corrompida por las malas costumbres y los vulgarismos que la rodean. Pero a pesar de ello no le culpo, ¿qué se puede esperar de una sociedad sin educación? Se le concede más importancia al comer que al pensar.
Su mujer, que con tanto esfuerzo nos preparó la comida, ha estudo a punto de romper a llorar gracias a usted, que a lo que se ha dedicado en este almuerzo ha sido a criticar su labor. Intenta aparentar lo que no es, un señor fino y con conocimientos en servir alimentos. 
Ese es el problema de muchos individuos en este país, no contentos con lo que son, intentan parecer mejores, cuando en un estúpido intento destacan más su ignorancia. 
Y ahora, si no hay nada más que me lo impida, deseo partir de este lugar y no volver a pisarlo.

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