No queriendo dar a entender que desconocía
este enérgico modo de anunciarse, ni desairar el agasajo de quien sin
duda había creído hacérmele más que mediano, dejándome torcido para todo
el día, traté sólo de volverme por conocer quien fuese tan mi amigo
para tratarme tan mal; pero mi castellano viejo es hombre que cuando
está de gracias no se ha de dejar ninguna en el tintero. ¿Cómo dirá el
lector que siguió dándome pruebas de confianza y cariño? Echóme las
manos a los ojos y sujetándome por detrás: -¿Quién soy?-, gritaba,
alborozado con el buen éxito de su delicada travesura. -¿Quién soy?- -Un
animal [irracional]-, iba a responderle; pero me acordé de repente de
quién podría ser, y sustituyendo cantidades iguales: -Braulio eres-, le
dije.
Al oírme, suelta sus manos, ríe, se aprieta
los ijares, alborota la calle y pónenos a entrambos en escena. -¡Bien,
mi amigo!. ¿Pues en qué me has conocido? -¿Quién pudiera sino tú? -¿Has
venido ya de tu Vizcaya? -No, Braulio, no he venido. -Siempre el mismo
genio. ¿Qué quieres? es la pregunta del español. ¡Cuánto me alegro de
que estés aquí! ¿Sabes que mañana son mis días? -Te los deseo muy
felices. -Déjate de cumplimientos entre nosotros; ya sabes que yo soy
franco y castellano viejo: el pan pan y el vino vino; por consiguiente
exijo de ti que no vayas a dármelos; pero estás convidado. -¿A qué? -A
comer conmigo. -No es posible. -No hay remedio. -No puedo -insisto ya
temblando. -¿No puedes? -Gracias. -¿Gracias? Vete a paseo; amigo, como
no soy el duque de F..., ni el conde de P... ¿Quién se resiste a una
[alevosa] sorpresa de esta especie? ¿Quién quiere parecer vano? -No es
eso, sino que... -Pues si no es eso -me interrumpe-, te espero a las
dos; en casa se come a la española; temprano. Tengo mucha gente;
tendremos al famoso X. que nos improvisará de lo lindo; T. nos cantará
de sobremesa una rondeña con su gracia natural; y por la noche J.
cantará y tocará alguna cosilla.
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